viernes, 27 de mayo de 2011

Túneles







La situación previa:

Domingo.Cambio al horario de verano. Nos levantamos a las 8 menos diez, pero en realidad eran las 7 menos diez.
Caminata en la montaña con un grupo de biólogos, durante 7 horas.
Con mochilas.
Hablando en suizo alemán.
Aprendiendo nombres de plantas en latín (aprendiendo, bah... escuchando).
Sacándole fotos a las orugas de las mariposas.
Tratando de identificar pajaros sin largavistas (y sin anteojos).
Situación de sobrecarga cognitiva.

La situación en el tren:


Regresamos en el tren a las 17 hs. Por favor, necesito descansar, que no me pregunten nada.
Mirar el paisaje nos da la excusa para el silencio.
Miren el paisaje y cállense, por favor. Y entonces... Empieza un tunel de 10 minutos.

La ingenieria ferroviaria me traicionó... miserablemente.

Domingo en noruega?










Se me da bien eso de enterarme de la vida de los otros.
Martes, 16:52.

Una mexicana marca un numero de teléfono

Hola mi amor,el domingo es la aurora boreal, el juego de luces en noruega.
No quieres que nos vayamos alla?

-(?)
-(risas) no, no me trates de loca, es que acabo de verlo en el diario...
-(?)
- si, en el tren, llego a las 5. Me recoges en la estación?

lunes, 22 de noviembre de 2010

La vida fuera de la estación o Ana, segunda parte




Hace más de un año, encontré a Ana en el tren.

Pensé que había borrado su número de mi teléfono, porque no nos vimos más y las cosas se diluyeron.

Pero esta mañana, cuando salía a la estación para tomar el tren a Friburgo, sonó la alarma de mensajes. Y me marcó un contacto conocido:



"Hola. Para mi tesis tengo que entrevistar a mujeres de lengua materna español. Sólo les quita 1 hora. Diganme si pueden. Cuándo? El café lo invito yo. Besitos y saludos. Ana desde Friburgo."



"Tanto tiempo! Qué casualidad, estoy yendo a Friburgo ahora, pero es un poco justo en este momento. Te dejo mi mail así arreglamos XXX@xxx besos"


"Si yo he tenido tantas cosas. Los estudios, el divorcio, mi nueva pareja y un bebito en camino. Tu aún vas a Ginebra? Te escribo esta semana al mail que me dices. Saludos y un abrazo"



Más allá de que, después de haber dado tanta información en un mensaje de texto podría haberme evitado el humillante "tu aún vas a Ginebra?" (que se leía como "y en tu vida pasó aunque sea un diez por ciento de lo que pasó en la mía?)... digo, más allá de eso, me alegró saber de su vida fuera del tren...
Por lo visto, sigue a toda máquina.

sábado, 13 de noviembre de 2010

De perros


Yo no soy una persona que ame particularmente a los perros. Tampoco es que les tenga fobia ni rabia (cuac). Por mí, mientras que no me muerdan, que hagan lo que mejor les parezca.

Siempre me produce un poco de admiración la gente que tiene mucha conexión con estos animales. Por eso mi amiga Gabi, que parece haber descifrado el sistema fonológico del habla perruna, me merece el mayor de los respetos.

En Suiza, al principio, me chocó bastante que los perros tuvieran tanta importancia social, una importancia que yo al principio no registraba. Me acuerdo de una noche en la estación de ginebra, en la que esperábamos el tren con una compañera de trabajo. Mi compañera, de pronto, se quedó con la mirada perdida y dijo "Qué extraño, un perro solo"... para mí, lo extraño era su extrañeza. Y sólo entonces me di cuenta de que durante todo un año en suiza, no había visto perros abandonados.

Los perros pagan impuestos, entre otras particularidades (y no es joda, aunque lo parezca) y cuando una persona pide plata con un perrito al lado, el generoso corazón de un suizo promedio se sensibiliza mucho más que si una persona pide con un bebé. Esto me lo explicó mi vecina, que además de suiza, es agudamente crítica y fínamente irónica; para ella es muy claro que un perrito es mucho más simpático que un político de extrema derecha (y puestos a comparar, qué opción te queda).

Pero el indicio más claro de que acá los perros llevan las de ganar, la viví hoy en el tren. Mi vecina de tren subió con un perro grande, ni idea qué marca, porque a mí, me da igual. Pero me hacía acordar a esos que están en la plaza de bariloche con un barrilito al cuello; un San bernardo,creo... en fin, parecido, no igual.
Peludo (bue, que perros pelados no se si habrá muchos) y con cara de bueno (en serio estoy escribiendo esto?).

Mi vecina le hablaba, lo acariciaba, le daba alimento balanceado en la boca...
y yo leía mi novela, con las patas en el asiento, calculando si la correa le permitiría al cuadrúpedo llegar hasta allí en el caso de que quisiera explorar el tren.

Entonces mi vecina ajustó la correa un poco más, se levantó y me dijo si podía cuidarle el perro (textual) mientras iba al baño. Yo intenté poner la mejor cara de desorientación y desamparo que pude componer , entonces ella, sin reparar en que para mí eso rozaba lo surrealista, agregó, en tono tranquilizador:


"Va a levantarse, va a tirar de la correa y puede ser que se cambie de asiento, pero nada más"

Y yo qué pito toco cuidando un perro que pesa el doble que yo???

no sé, pero sonreí porque ante todo a los locos se les sigue la corriente.
Pero cuando la chica se fue, el perro peludo se levantó, miró a su chica que se iba por el pasillo,y me miró a mí, con mirada desesperada (lo juro), y le temblaron las piernas.
Y entonces, pasó lo que nunca pensé que podría pasarme.

Miré al perro, y le dije, en español (???), vergonzozamente fuerte (o sea que alguien pudo escucharme):

"No te preocupes, que ya viene".

Me encontré hablandole a un perro desconocido en el vagón de un tren. Yo, perfectamente escéptica de la religión perruna, destrocé mis no creencias con una patética profesión de fe en la raza canina.

Cuando la dueña volvió, me agradecíó con sentimiento y me explicó que él (ahora es él, no más el perro) él había sido abandonado y por eso tenía tanto miedo cada vez que lo dejaban. Y no volvió a hablar más, hasta que más tarde pasó el inspector y la chica le mostró los dos ticktes, el de ella y el perro.

Por suerte, bajaron en Fribourgo. Mis avances en el conocimiento de la raza perril habían sido bastante para un solo día.

miércoles, 27 de octubre de 2010

casualidades ... y van...

La primera historia del blog fue una anécdota que le escribí a la guada en un mail. Una casualidad: una persona que vi bajarse del tren, que vi subir al mismo bus que yo, que vi bajarse en la misma parada que yo y que resulto ser mi compañera de trabajo. Olé.

La primera anécdota fue la casualidad... y todos fueron en cierta forma casualidades, variaciones de casos... como lo fue el reencuentro con el enano enamorau, como lo fue perder el tren para poder conocer un lugar o compartir una charla, como lo fue escuchar conversaciones ajenas y conversaciones que me estaban destinadas.
Y hoy me bajo del blog y del tren (porque ya me aburrí) con otra casualidad.
Desde hace un mes y medio, más o menos, me toca -como parte de mi trabajo- filmar clases en Fribourg.


La profesora que tengo que filmar se llama Veronique. La he estado escuchando, filmando y admirando -porque me cae bien- durante varios días... y siempre pensé que su cara me „sonaba“ de alguna parte.
El viernes fue el último día de filmación. Nos quedamos charlando un momento y hablamos de trabajo ...las dos estudiamos algo similar.
No sé cómo salió el tema. Me dijo que ella se acordaba que nos habíamos visto antes.

Hace 3 años estuve en suiza sólo por dos meses (esos dos meses en que todos los buses y los trenes tuvieron demoras). En esos dos meses, una vez tuve que presentar un poster en Ginebra. Me senté en el tren con mi poster (reconstruyo, a partir de lo que ella me contó), y aparentemente en Romont subió una mujer. Que se sentó al frente. Que estudiaba lo mismo que yo. Que iba al mismo lugar. A presentar también un poster. Que se llamaba Veronique. Y que se sentó al frente de Verónica -o sea al frente mío (o de mí, para los puristas)-.

Tres años más tarde, ella me contó su parte y yo recordé y me di cuenta de por qué su cara me parecía familiar. Después de filmarla durante un mes y medio.

Capaz que las casualidades pasan todo el tiempo. Seguro. Y no tienen nada de especial. Capaz. Pero si todo es casualidad, entonces el curso „normal“ de las cosas debe ser verdaderamente extraordinario. Además de aburrido.
Y como estoy por llegar a Berna, voy cerrando la compu para bajarme del tren... y bajarme quizas del blog. Las casualidades, de todas formas, están por todas partes.

martes, 26 de octubre de 2010

qué bueno que es perder el tren

El domingo nos juntábamos a comer una fondue en lo de unos amigos. Para llegar, tenes dos horas de viaje, si no perdés ninguna conexión. (había que concentrarse: fondue, fondue, dale que llegamos).

Nosotros, justamente, perdimos el tren y se nos hizo media hora más. Cuando es domingo a la mañana, hace frío, llueve y hay viento, llevás una hora y media de tren y te dicen que tenés que comerte media hora (más) de espera en un pueblo... sabés qué? te cambio el fondue por un sandwiche de milanesa.y me vuelvo a dormir a mi casa.

Thomas propuso caminar al lado del lago que está pegado a la estación (sí, había un lago, pero de la bronca no lo veía).

y cinco minutos más tarde encontramos un bar- barco o un barco amarrado a la orilla que funciona como bar, y entramos a tomar un café.

Estuvimos 15 minutos en el bar barco, de los cuales 10 me los pasé preocupada porque no nos atendían, preocupada porque no nos traían el café e íbamos a perder otro tren, preocupada porque el tipo de la mesa de al lado no se corría y no me dejaba sentarme cómoda.

Pero los otros cinco minutos fueron lo mejor de la semana: café rico, un lago que empecé a ver (a veces lo cursi puede estar bueno,también, mirá vos), la música de los años veinte, el calorcito de estar en un lugar cerrado mientras que el barco se movía. Cinco minutos de conexión con las sensaciones más básicas. O de desconexión, ponele, con todo lo demás. Cinco minutos perfectos.

Hay pocos momentos perfectos en la semana de una histérica...
y nunca pensé que perder el tren podía ser uno.

sábado, 23 de octubre de 2010

Nada mas evitar el contacto... y la casserole



Una dama sube al tren en Genève. Es alta -al menos desde donde yo la veo, mi metro cincuenta, digo- tiene una chalina hermosa y parece alterada.
Se sienta más o menos cerca, de espaldas a mí. Yo prendo la compu e intento trabajar. Ella toma el teléfono y empieza a hablar. Y ahí me doy cuenta. No parece, ESTÁ alterada... Transcripción parcial de una larguísima conversación telefónica en franceñol:

„Te digo que la caserole ya no la necesitamos más... vamos a dejar sus cosas en la basura (!!!)
Vamos a enviarle un mensaje que vaya a buscar sus cosas en la poubelle. Pues si llama hoy día, dile que esta noche le dejas el sac en la basura...
Le envías papel cuando son facturas, no cuando son letras importantes. Es mejor... para qué verse?
si llama hoy por la tarde le dices que ella vaya a sacar sus cosas a la esquina y ya está.
Si llama hoy...
sabes que es mucho problema todo esto.
Es mejor evitarla. Yo pensé... más reclamaciones para nada...
Si llama por teléfono no contestes a sus llamadas.
Ella no va a morirse sin esas pequeñas cositas.
Nosotros no necesitamos la casserole
yo también …
si quieres yo sacaré el saco a la esquina y la llamaré y le diré: 'si quieres pasar a recoger tus cosas puedes hacerlo'
porque ya la has llamado hace varios días y no ha pasado. Por qué no ha pasado ayer??
Ella dijo que se iba a pasear. Qué es mejor ?? pasar a recoger tus cosas o irte a pasear??
Le diré: 'No quiero ningún contacto entre ti y Ricardo y si sigues molestando no vas a dejarnos mas alternativa que denunciar.'
Yo le voy a hablar sin gritar.
Y esta noche ya nos vemos y hablamos de eso... es para eso que te llamo...
Te estas deshaciendo de una mala mujer. Es eso mejor. No respondas. El correo electrónico...

Tu evítala por internet... exactamente... bloqueala...y por teléfono
y le dices a la hermana o al pastor. Si dices 'no tenemos mas altenartiva que una denuncia...'


Yo no sé quien es la „mala mujer“ que tiene que pasar a buscar su „sac“ (su bolso) a la "poubelle" (al basurero), ni por qué es tan importante una casserole (??). Tampoco tengo idea de quién es Ricardo ni si tiene que hablarle por teléfono, o no hablar, responder o no responder, bloquear a la mala mujer en internet o escribirle un mail.

Yo no sé nada más que esta mujer está alterada...

y que me gusta su chalina.